En el siglo XX la recordada Laguna del Cementerio de San Antonio tenía agua durante todo el año. El sector estaba poco poblado y muchas familias iban allí a tenderse en la arena y disfrutar del entorno de naturaleza que se generaba alrededor del cuerpo de agua. Por seguridad, para asegurarse que los niños no se bañaran a escondidas con riesgo de ahogarse, los adultos les decían que había cueros, que era una especie de criatura acuática de cuerpo aplanado semejante a una mantarraya, con pelos y tentáculos, que se acercaba a quien estuviera en la orilla o bañándose y en forma sigilosa los atrapaba, llevaba al fondo de la laguna y los devoraba. Así, muchos niños temían acercarse a las aguas de la laguna sin supervisión de sus mayores. El mito dice, que estas criaturas habitan en numerosos lagos, lagunas y ríos de Chile, atacando a presas animales y en menor medida a seres humanos y embarcaciones.
JGV






